La vida de un militar en blanco y negro

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La vida de un militar en blanco y negro

Después del fallecimiento del general Omar Torrijos Herrera, asume el mando de las Fuerzas de Defensa de la República de Panamá el general Manuel Antonio Noriega en 1981. A partir de ese momento se convierte en el Comandante General.

También aparece la figura del suboficial Pedro Ruiz Hernández, sargento primero en la compañía de infantería y apoyo de la conocida Fuerza Tigre acantonada en el cuartel de Tinajitas, en el distrito especial de San Miguelito. Entre sus funciones estaba la de Jefe de la Sección de Mortero de 120 mm, el arma de mayor potencial y alcance de las Fuerzas de Defensa, conocida en Panamá hasta ese momento.

Ante los nuevos hechos, se dan movimientos y cambios a lo interno, por lo que el sargento Pedro Ruiz Hernández fue trasladado al cuartel militar conocido como Cimarrón en Pacora, lo que hoy se ha denominado Centro Penitenciario La Joya. Es allá donde poco después es notificado por los altos mandos que debe presentarse al complejo del teatro Balboa ante el general Noriega, al igual que todas aquellas unidades con más de 15 años de servicio, es decir, desde los suboficiales hasta las unidades de combate debían estar disponibles para la nueva estrategia, el ambiente en el país era de incertidumbre.

La misión que se presentaba no iba a ser fácil, muchos estaban preocupados por sus familias y lo que les depararía el futuro. Desconocían a quién iban a enfrentar. La mayoría fue transferida a la onceava zona militar de San Miguelito como fuerza regular de policía. El sargento Pedro Ruiz Hernández fue ubicado en el departamento de operaciones y adiestramiento S-3 como asistente; la orden fue clara y directa, observar en las tardes los movimientos de los soldados norteamericanos desde el puente de San Miguelito hasta el puente en Don Bosco de Chilibre.

El 19 de diciembre de 1989 se convirtió en el día negro para muchos de los militares, pues se daba inicio al ataque por aire. En ropa de civiles se les ordenó salir del cuartel y solo con el arma de combate, fueron divididos en pelotones de cuarenta unidades y trasladados al cuartel de Tinajitas. No tenían como comunicarse y estaba prohibido movilizarse hacia otros lugares.

El sargento Pedro Ruiz Hernández vio caer a sus colegas, compañeros e incluso amigos, sin dejar de mencionar las bajas que tuvieron los norteamericanos. Pudo observar cómo se precipitaban los helicópteros desde las alturas, caían las armas, lanzacohetes, ametralladoras de 60 mm, pero la consigna era que no podían combatir a menos que fuera en defensa propia.

Pasaron los días y los meses antes de regresar por fin al hogar, solo quedaba el recuerdo de aquel 21 de diciembre de 1989 cuando al anochecer finalizaron los bombardeos y el saqueo, hubo silencio, todo había terminado en blanco y negro para algunos de los militares.

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Alfonso Badillo
Alfonso Badillo
Soy Alfonso Badillo, tengo 13 años Curso el séptimo grado y estoy participando en el proyecto #500 historias de Panamá porque me interesa en un futuro ser un gran abogado. Porque nuestra historia es muy importante para nosotros como estudiantes que somos. Tenemos el compromiso de conocerla y defenderla.